Una prescencia - Noon Gate

Noon Gate
Y escuché la voz del Señor que dijo:
"Por qué se pelean por las cosas de este mundo si yo solo les pedí que se amaran unos a otros y vivieran con alegria."
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Una prescencia me envolvió

     Dormido pero consciente del lugar donde me encontraba, una presencia me envolvió, una vez que desperté, a partir de entonces, cuanto deseaba y lo dejaba en manos de Dios, sin ninguna ansiedad, se volvía realidad. Estaba enfermo del estómago, según unos exámenes que me hice en la Clínica Bíblica parecía algo grave, por lo menos eso pensaba yo. Tampoco tenía seguro ni dinero para seguir con los médicos. Me sentía sin ánimo ni fuerza. Entonces dije en mi corazón: “No me siento con ánimo, ni siquiera para orar, pensé, Dios conoce todo, si él quiere sanarme que venga él y me sane.” Luego me fui a casa con la idea de estar ahí, a lo que Dios quisiera. Entonces por la noche. Dormido, consciente de que estaba acostado en el cuarto. Una presencia bajó y estaba sobre mí como a la altura del techo, me hablaba de las cosas de Dios y me mostraba visiones, entonces yo sentía una paz preciosa. Luego la presencia bajó y me cubrió por completo, entonces sentí un temor de respeto indescriptible, yo le hablaba con una fuerza extraordinaria que salía desde mi pecho, y le dije: “Señor, agradezco todo, pero por favor retírese de mí porque es demasiado fuerte para mí y no lo puedo soportar”. Entonces me respondió: “Así va a ser para que usted crea.” Entonces la presencia desapareció y de seguido desperté. Tenía la sensación como cuando uno se encuentra un tesoro, y pensé “¡qué lindo!”, pero era un sueño, entonces la voz resonó en mi mente de nuevo: “Para que usted crea”. La sanidad comenzó inmediatamente, luego a partir de ahí y los días siguientes noté que andaba en una profunda paz, no cabía duda que era como estar en el paraíso, todo lo veía hermoso y parecía que todo se movía como en cámara lenta, como si yo estuviera en una burbuja ajena a toda congoja humana. Comencé a notar que todo lo que deseaba se volvía realidad. Por ejemplo, llegué a la oficina de mi trabajo y dije en mi corazón: “Quisiera un percolador pero no tengo plata, pero bueno Dios sabe.” Luego pasaron unas dos horas y una señora que no era familia y que no me celebraba ningún cumpleaños, solo la conocía, llegó y me trajo un “coffe maker” nuevo, con un mensaje escrito, que no recuerdo bien pero que decía algo así como: de parte del Señor. No hallaba cómo recibir aquel regalo, pero no cabía duda que era milagroso, así que lo recibí.

     Luego un día salí al traspatio de mi casa y vi un pequeño árbol verde, lleno de hojas menudas, estaba en la colindancia, y pensé ese árbol se debería quitar porque estaba en media colindancia, pero era difícil porque había que ir a hablar con el vecino y todo lo demás, pero bueno, Dios sabe, me dije. Olvidé el asunto, a los pocos días volvía en la mañana al traspatio, y el árbol estaba totalmente seco, con todas sus hojas en su lugar, pero seco por completo de arriba abajo.

     Seguí viviendo milagros así, uno tras otro, en cosas pequeñas y grandes, hasta el día de hoy. Claro que fueron más seguidos en aquella época. Sólo hay una condición, un deseo, dejarlo en manos de Dios, sin la más mínima ansiedad o espera porque aquello ocurra. Y siempre, siempre, siempre, el milagro ocurre.
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